Sin alarmas, sin sorpresas… por favor
No es que no quiera a las personas importantes en mi vida o que no me importen, pero en ocasiones siento que no estoy completamente conectado con ellas cuando las escucho.
No se debe a un déficit de atención, pero en muchas situaciones, cuando alguien me habla, mi mente parece estar en otro lugar. Tal vez esté precisamente donde debería estar en ese momento, o donde realmente quiero estar en ese momento.
Somos todos tan diferentes, tenemos intereses tan variados. Intento aprender algo de cada persona que me rodea, aunque no siempre logro sacar lo mejor de ellos. Hago lo que puedo, o más bien lo que quiero, dependiendo de la situación.
En momentos prolongados, pienso que al menos una vez al año, deberíamos elegir a alguien con quien escapar, tal vez a la playa. Regalarle un café y, con un poco de música de fondo, hablar de sueños, de las conclusiones de la vida (no las que hemos encontrado en YouTube), o como decimos coloquialmente, "irse en la volá".
Sueño con que alguien me hable sobre su libro favorito o sobre lo que pensaba de la vida a los 10 años. Que me hable desde el fondo de su corazón, sin temor a que yo lo mire extrañamente, porque en realidad no soy nadie para juzgar.
Serán solo unos días. Olvidaremos el mundo y liberaremos ese ser maravilloso que llevamos dentro. A veces, las circunstancias no nos permiten ser quienes realmente somos, ya que son como el agua caliente y el aceite, una combinación poco adecuada.
Pero hay una combinación que funciona: un café y un cigarro, preferiblemente en un día nublado, mientras conversamos sobre lo más profundo de nuestro ser.
Sin alarmas, sin sorpresas... Por favor.
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