Ver el Fin

Hoy, en pleno 2026, me he rodeado de personas que han puesto fin a un ciclo amoroso. Personas importantes con las cuales he tenido conversaciones crudas sobre la paja que es terminar una relación y sobre la poca importancia que realmente tiene en nuestro futuro.

Y con “poca importancia” me refiero a lo irrelevante que termina siendo haber estado con alguien, independiente de si nos íbamos a casar, si vivimos momentos fuertes o si intentamos construir un futuro juntos. Todo eso pierde peso cuando nos quedamos pegados en el what if…

Obviamente, si uno pudiera elegir, jamás escogería sufrir, desgastarse ni pasar por algo así. Pero el sufrimiento y el dolor son inevitables en este camino que llamamos vida. Sin el desamor no creceríamos como personas. Son pasos inevitables que debemos vivir para hacernos más fuertes y prepararnos para situaciones peores, porque siempre puede ser peor. Siempre un poco más.

Las relaciones terminan cuando tienen que terminar. Alguna vez escribí que nadie se va antes de tiempo. Es como la muerte; la diferencia está en los duelos. Hay personas que viven el duelo dentro de la relación y otras que no. Después, cuando abren los ojos, se dan cuenta de lo miserables que se estaban convirtiendo sus vidas, alejados de las personas que realmente los aman de forma incondicional.

Ahora ustedes dirán que es súper fácil y simplón decir todo esto desde la vereda de la estabilidad. Pero para llegar a este punto hay que vivir con intensidad. Hay personas que tienen la suerte de encontrar a su media naranja a los 17 años, pero son excepciones a la regla, eventualidades. Porque la gran mayoría vive en ensayo y error.

Claro, antes parecía más fácil. Creo. Porque ahora, solo pensar en una cita, en conocer personas nuevas y tener que volver a contar mi historia, agota. Tener que volver a vender la idea de que no soy alguien que quiere jugar… o quizás lo contrario. Tener que usar aplicaciones de citas donde todo parece cuestionable. Pedir redes sociales donde todo es una vitrina: yo te vendo quién soy y quién quiero ser.

Ver el fin antes puede ser una bendición. Pero si no te tocó verlo, tampoco es un problema. El verdadero problema es quedarse pegado con alguien que quizás ya tenía las balas guardadas para este momento, mientras tú no. Mientras yo no. Porque no todos somos iguales.

Este dolor debes vivirlo. Volando se fue ese bello amor. Ese final fue tan repentino que se llevó la risa y el color. Y ahora pasas muchos días encerrado en tu casa, triste. Pero levántate, porque ese amor, así como llegó, también se fue. Y así es. No hay más.


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