Introspección

En más de alguna oportunidad, en este u otro blog que he tenido, escribí sobre esa necesidad de tener a alguien a quien odiar, alguien con quien dirigir todo mi desprecio y demás emociones negativas. Hoy, haciendo algo así como una introspección, me di cuenta de que en muchos momentos de mi vida, ese ser a quien tanto despreciaba era yo.

¿Cómo llegué a ver todo esto? No tengo la más remota idea. Lo que sí sé es que a mi némesis la enfrento con tabaco, café y una que otra pastilla.

El problema de tener al mejor enemigo que he tenido en la vida arraigado en lo más profundo de mi corazón es la contradicción, ese momento en el que me vuelvo un completo enigma, tomo decisiones insensatas, absorbo más alcohol para intentar envenenar sus pensamientos y lo único que logro es autodestruirme.

De repente, observo mis manos y no me reconozco; me miro al espejo y no sé quién soy. Leo mis publicaciones en Twitter o en este blog y no puedo identificar quién demonios estaba escribiendo.

Desde hace ya un tiempo, tengo un villano que viene a trastornar mis determinaciones, mis aspiraciones y todo lo que solía hacerme feliz.

Quiero pedir disculpas por estar intratable e intolerante en ocasiones, ya que a veces no puedo lidiar ni conmigo mismo.

La culpa no es tuya, sino completamente mía.





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