Odio
A lo largo de mi existencia, he tenido un par de sentimientos reprimidos.
Desde que tengo memoria, siempre he sentido esa sensación de rabia dentro de mí. Recuerdo claramente la vez que vi a una niñita cerca de la casa de mi abuela. Nunca olvidaré cómo me sentí al ver a alguien y odiarlo con todas mis fuerzas. Yo era solo un niño, y ella una niña. No pasó nada más allá de oscuros pensamientos.
Con el paso de los años, siempre ha habido alguien a quien odiar, la mayoría de las veces sin importancia, ya que generalmente lo son. Pero también siempre busqué la razón por la que debería odiar a alguien, incluso cuando apenas los conocía. Porque odiar a alguien que conozco poco era más fácil; cuando odiaba a alguien que conocía, era peor, ya que tenía razones y fundamentos lógicos para detestarlos.
Es como cuando salí de cuarto medio. Dos meses antes de graduarme, me cansé de mi mejor amigo de la secundaria. No entendía su forma de ser ni su manera de pensar. Aunque no llegué a odiarlo, sí recibió el peor castigo que le puedes infligir a alguien: ser ignorado (y no digo que yo sea tan importante para que el peor castigo sea ser ignorado por mí, sino que ser ignorado por todos, por las personas que te importan).
Así, siempre hubo alguien a quien detestar, alguien que me cayó mal, alguien que solo me produjo desagrado. Con el tiempo, ese alguien cambió, ya que odiar a la misma persona todo el tiempo es aburrido. Sin embargo, lo que ha perdurado es mi necesidad de sentir desprecio por alguien. Sé que no está bien, pero lo escribo porque quiero cambiar esa actitud (aunque probablemente nunca lo logre).
En muchas ocasiones, me han dicho que mi odio se debe a los celos, pero no es así. Estoy seguro de que no es celos.
¿Envidia? Imposible.
Lo único que ha cambiado con el tiempo es que, si he de odiar a alguien, ese odio debe estar fundamentado. Si alguien me desagrada, debe ser por alguna razón, por alguna actitud que no encaje, multiplicada por al menos 3, ya que una actitud fuera de lugar se puede perdonar, dos quizás, pero tres? Dios mío, eso ya es demasiado. No hay nada más que pueda hacer.
Odiar no es necesariamente algo malo. A veces, te motiva a ser una mejor persona.
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