La Historia de Desamor

Hace unos días, la alumna en práctica que trabaja en la sucursal me preguntó cuándo sentí que perdí mi corazón. Sin pensarlo mucho, di mi respuesta y me sumergí en la historia de lo que ocurrió en un fin de año, allá por el 2001.


Mi personalidad, estilo, y sentido del humor se han ido formando a lo largo de los años. Sin embargo, ese año marcó un punto de quiebre en mi vida. Desde mi perspectiva actual, parece ser solo una experiencia pasada, un pequeño detalle en la historia de mi vida.


Cada palabra que escribo desde entonces es simplemente un reflejo de aquel momento, adornado con frases triviales y el recuerdo de lo que, para mí, fue la primera y única vez que sufrí por una mujer.


Hablemos de cómo todo esto sucedió. Fue en una tarde, en algún momento de noviembre, después de varios días sin vernos y con escasas llamadas telefónicas. Las complicaciones surgían debido a nuestros horarios: ella trabajaba en turnos rotativos, mientras que yo tenía un horario matutino en el trabajo y uno vespertino en la universidad. Cada vez se nos hacía más difícil coincidir.


En retrospectiva, no puedo decir con certeza si fui realmente feliz con ella, pero recuerdo momentos extraños, como esa vez en que asistimos a una fiesta en la población La Bandera, la cual yo no conocía. La cumpleañera se pasó de copas, hubo un espectáculo estilo "Primer Plano" y finalmente el dueño de la casa nos echó a las 3 de la madrugada. Sin conocer bien la zona, intentamos caminar hasta la Avenida Santa Rosa a esa hora de la noche, lo que nos expuso a personajes nocturnos que pedían dinero de manera poco amigable (sí, esos individuos que intentan robarte).


También está el recuerdo de cuando nos aproximamos a un parque y un tipo con un machete se nos acercó diciendo: "Mira, no quiero asaltarte porque estás disfrutando tu tiempo juntos, pero mi amigo fue arrestado y necesito cinco mil pesos" (¡5 mil pesos, por favor! En esa época, el sueldo mínimo era de 105,000 pesos, y el tipo quería cinco mil). No tuve más opción que meter la mano en el bolsillo y darle lo que tenía (1,500 pesos).


Luego de eso, la relación con la chica comenzó a desmoronarse. Un día, quise darle una sorpresa al aparecer en su trabajo sin previo aviso. Sin embargo, fui yo quien se llevó la sorpresa al encontrarla con otro hombre. Ese fue el momento que cambió mi vida para siempre.


Después de esa experiencia, mi orgullo quedó herido, mi autoestima destruida y mi ego por los suelos. Aunque quisiera decir que fue la única vez que sufrí por una mujer, sería una mentira. Sin embargo, después de ese episodio, algo cambió en mí. Aprendí lecciones valiosas sobre las relaciones y sobre mí mismo.


Poco después de ese encuentro, ella me llamó nuevamente, y aunque yo era masoquista, accedí a verla. Durante nuestra conversación, ella reveló por qué estuvo conmigo todo ese tiempo. Después de escucharla, no pude hacer otra cosa que despedirme y desearle lo mejor en su vida.


Nunca fue amor, y nunca la amé. Sin embargo, ella dañó mi orgullo y me enseñó que el desamor puede ser una de las lecciones más importantes de la vida. A través de esa experiencia, aprendí a caminar con cuidado y a detenerme en los momentos clave para estar con las personas adecuadas.


Años después, supe que ella se casó con aquel hombre, tuvo hijos y nunca volví a saber de ella. Si la volviera a ver, probablemente le agradecería por todo lo que me enseñó, pues sin ella, quizás no sería la persona que soy hoy, con un entendimiento más profundo de la vida y las relaciones.

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